Apostaría contigo a que tienes una frase de Epicteto guardada en el móvil. Lo sé porque yo también tenía unas cuantas, en capturas de pantalla con fondo de mármol y letra dorada. Un día fui a buscarlas en sus libros. La mitad no estaban.
Internet está lleno de frases de Epicteto que Epicteto no dijo nunca. Unas son paráfrasis de libros de autoayuda de hace treinta años. Otras son de otros autores. Y alguna es de Epicuro, que se parece a Epicteto en el nombre y en muy poco más. Es una pena, porque las auténticas son mejores: más duras, más concretas y con un toque que dan ganas de haber conocido a este singular tipo.
Aquí tienes 77. Todas están en sus libros, y al lado de cada una va el capítulo para que puedas comprobarlo.
Cómo las he elegido y traducido. Epicteto no escribió nada. Lo que tenemos son los apuntes de su alumno Flavio Arriano: las Disertaciones, las clases tomadas casi al dictado, y el Enquiridión o Manual, un resumen que el propio Arriano compiló con lo esencial. Enkheirídion significa en griego “lo que se tiene a mano”, como un cuchillo o una herramienta. La idea era llevarlo encima. Por eso más de la mitad de esta lista sale del Manual: es el texto que más se lee y el que conviene saberse.
Cada frase lleva su referencia. (Enquiridión, 5) es el capítulo 5 del Manual. (Disertaciones, I, 1, 23) es el libro I, capítulo 1, párrafo 23. La traducción es mía, del griego y pegada al sentido literal, sin adornos para que quede bonita en una taza. Cuando recorto un pasaje largo lo indico con (…). Las palabras cambian de una edición a otra, y en español hay muchas: el Brocense publicó su traducción del Manual en Salamanca en 1600 y Quevedo sacó su versión en verso en 1635. Muchos lectores lo conocen por la clásica edición de Gallach. Si comparas con la tuya verás otras palabras. Lo que tiene que coincidir es la referencia y el sentido.
Las he ordenado de mejor a menos buena, según mi criterio, que es discutible. Hay frases de una línea y pasajes enteros, porque Epicteto no hablaba en eslóganes: a mi juicio hablaba como un entrenador que no te deja salir del gimnasio cuando tienes un objetivo y te comprometiste con él. Al final tienes las frases que circulan con su nombre y no son suyas.

Quién fue Epicteto
Nació hacia el año 50 en Hierápolis, en Frigia, en la actual Turquía. Nació esclavo. Su nombre ni siquiera es un nombre: epíktetos quiere decir en griego “adquirido”, “comprado”. En Roma sirvió a Epafrodito, un liberto rico que había sido secretario de Nerón.
Era cojo. Una anécdota que recoge Orígenes cuenta que su amo le retorció la pierna hasta rompérsela, y que Epicteto solo le dijo: “¿No te lo había avisado?”. La enciclopedia bizantina llamada Suda lo atribuye al reumatismo. Siendo todavía esclavo estudió con Musonio Rufo, el estoico más respetado de Roma.
Ya libre, enseñó en Roma hasta que el emperador Domiciano expulsó a los filósofos de Italia, hacia el año 93. Se fue a Nicópolis, en la costa occidental de Grecia, y abrió allí una escuela a la que llegaban jóvenes de todo el Imperio. Uno de ellos fue Arriano, que años después sería cónsul e historiador de Alejandro Magno. De sus apuntes salieron ocho libros de Disertaciones; nos han llegado cuatro. Epicteto vivió con lo mínimo hasta el final, que se suele situar hacia el año 135. Luciano cuenta que, cuando murió, un coleccionista pagó tres mil dracmas por su lámpara de barro, como si con ella fuera a heredar su sabiduría (Contra un ignorante que compraba muchos libros, 13). Ahora verás por qué esa lámpara era de barro.
Marco Aurelio no llegó a conocerlo, pero lo leyó. En el primer libro de las Meditaciones da las gracias a su maestro Rústico por haberle prestado, de su propia casa, los apuntes de las lecciones de Epicteto (I, 7).
Todo su pensamiento gira alrededor de una idea: distinguir lo que depende de ti de lo que no. Te la explico a fondo en la dicotomía de control, y su programa de entrenamiento en las disciplinas de Epicteto. Si empiezas de cero, lee antes qué es el estoicismo.
Una palabra antes de empezar. Cuando en estas frases leas “voluntad”, detrás está el griego prohaíresis: la facultad de elegir, de juzgar y de dar o negar tu consentimiento. Para Epicteto es lo único que es tuyo de verdad.
Las 77 mejores frases de Epicteto
1. “Lo que inquieta a los hombres no son las cosas, sino las opiniones sobre las cosas. Por ejemplo, la muerte no tiene nada de terrible, porque entonces también se lo habría parecido a Sócrates. Lo terrible es la opinión de que la muerte es terrible.” (Enquiridión, 5)

Tu jefe te contesta con un “ok” seco y te pasas la tarde rumiando. El “ok” no te ha hecho nada. Lo que te ha hecho daño es la historia que te has contado sobre el “ok”. De esta frase beben las terapias cognitivas, como cuento en estoicismo y terapia cognitivo-conductual.
2. “De las cosas que existen, unas dependen de nosotros y otras no. Dependen de nosotros el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo; en una palabra, todo lo que es obra nuestra. No dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos; en una palabra, todo lo que no es obra nuestra. Lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no conoce estorbos ni trabas. Lo que no depende de nosotros es débil, esclavo, se puede estorbar y es ajeno. Recuerda, pues, que si tienes por libre lo que por naturaleza es esclavo, y por propio lo ajeno, te verás estorbado, sufrirás, te turbarás y culparás a los dioses y a los hombres. Pero si tienes por tuyo solo lo que es tuyo, y lo ajeno por ajeno, como de verdad es, nadie te obligará nunca, nadie te pondrá trabas, no culparás a nadie, no acusarás a nadie, no harás nada contra tu voluntad, nadie te hará daño y no tendrás enemigos, porque no sufrirás ningún daño.” (Enquiridión, 1, 1-3)
Es el arranque del Manual. Fíjate en el orden: primero la lista, después la promesa. No te promete que te vaya bien, y por eso este señor gusta tanto o es tan despreciado.
3. “Tengo que morir. ¿Y tengo que morir gimiendo? Tengo que ir encadenado. ¿Y también llorando? Tengo que ir al destierro. ¿Y quién me impide ir riendo, con buen ánimo y sereno? «Dime los secretos.» No los digo, porque eso depende de mí. «Te encadenaré.» Hombre, ¿qué dices? ¿A mí? Encadenarás mi pierna, pero mi voluntad no la vence ni Zeus. «Te meteré en la cárcel.» A mi cuerpecillo. «Te cortaré la cabeza.» ¿Y cuándo te he dicho yo que mi cuello sea el único que no se puede cortar?” (Disertaciones, I, 1, 22-24)
Lo dice un hombre cojo que había sido esclavo. No es una pose.
4. “No pretendas que las cosas ocurran como quieres. Quiere que ocurran como ocurren, y te irá bien.” (Enquiridión, 8)

5. “No digas nunca de nada «lo he perdido», sino «lo he devuelto». ¿Se te ha muerto el hijo? Lo has devuelto. ¿Se te ha muerto la mujer? La has devuelto. «Me han quitado la finca.» Pues también la has devuelto. «Pero el que me la ha quitado es un malvado.» ¿Y a ti qué te importa por medio de quién te la reclama el que te la dio? Mientras te la deje, cuídala como algo ajeno, como cuidan los viajeros la posada.” (Enquiridión, 11)
6. “Recuerda que no te ofende el que te insulta o te pega, sino tu opinión de que eso es ofensivo. Así que, cuando alguien te irrite, sabe que es tu propio juicio el que te ha irritado. Por eso, intenta ante todo no dejarte arrastrar por la impresión. Si ganas tiempo y te das una pausa, te dominarás con más facilidad.” (Enquiridión, 20)
Esa pausa es el botón de “guardar borrador”. El correo que escribes en caliente al cliente que te ha faltado al respeto puede esperar diez minutos. Casi nunca lo mandas igual. Yo hice la prueba, y funciona.
7. “Recuerda que eres actor de un drama, del que quiera el autor: si lo quiere breve, breve; si lo quiere largo, largo. Si quiere que hagas de mendigo, procura representarlo con talento; y lo mismo si te toca de cojo, de magistrado o de ciudadano corriente. Lo tuyo es representar bien el papel que se te da. Elegirlo es cosa de otro.” (Enquiridión, 17)
8. “Muéstrame a uno que esté enfermo y sea feliz, en peligro y feliz, muriéndose y feliz, desterrado y feliz, desacreditado y feliz. Muéstramelo. Por los dioses, cuánto me gustaría ver a un estoico. Y si no me podéis enseñar a uno ya hecho, enseñadme al menos a uno que se esté haciendo, a uno que haya empezado a inclinarse hacia ahí.” (Disertaciones, II, 19, 24-25)
Se lo decía a sus alumnos, que sabían recitar a Crisipo de memoria. Hoy se lo diría a medio Instagram.
9. “¿Hasta cuándo vas a esperar para considerarte digno de lo mejor y no saltarte en nada lo que dicta la razón? Ya has recibido los principios con los que tenías que estar de acuerdo, y estás de acuerdo. ¿A qué maestro esperas todavía para dejar en sus manos tu corrección? Ya no eres un muchacho, eres un hombre hecho. Si ahora te descuidas y te dejas llevar por la pereza, y vas sumando aplazamientos a aplazamientos y fijando un día tras otro a partir del cual te vas a ocupar de ti, no te darás cuenta de que no avanzas y seguirás siendo un profano en vida y en muerte. (…) Y cuando se te presente algo penoso o placentero, glorioso o sin gloria, recuerda que la competición es ahora, que ya están aquí los Juegos Olímpicos y que no se pueden aplazar más, y que en un solo día y en una sola acción se pierde o se salva el progreso.” (Enquiridión, 51, 1-2)
El “a partir del lunes” tiene por lo menos dos mil años.
10. “Toda cosa tiene dos asas: por una se puede llevar y por la otra no. Si tu hermano te trata injustamente, no lo cojas por el asa de «me trata injustamente», porque esa es el asa por la que no se puede llevar. Cógelo por la otra: que es tu hermano, que os habéis criado juntos. Y lo cogerás por donde se puede llevar.” (Enquiridión, 43)
11. “Con cada una de las cosas que te deleitan, que te sirven o que quieres, acuérdate de decirte cómo es, empezando por las más pequeñas. Si te gusta una olla, di: «Me gusta una olla». Así, cuando se rompa, no te turbarás. Si besas a tu hijo o a tu mujer, di que besas a un ser humano. Así, cuando muera, no te turbarás.” (Enquiridión, 3)
12. “La escuela del filósofo, hombres, es un hospital. No hay que salir de ella habiendo disfrutado, sino habiendo sufrido. Porque no entráis sanos: uno tiene el hombro dislocado, otro un absceso, otro una fístula, otro dolor de cabeza.” (Disertaciones, III, 23, 30)
13. “Si alguien entregara tu cuerpo al primero que pasa, te indignarías. Y tú entregas tu mente al primero que pasa, para que, si te insulta, se turbe y se descomponga. ¿No te da vergüenza?” (Enquiridión, 28)
Piensa en el comentario de un desconocido en redes que te ha tenido una hora contestando mentalmente. Le has dejado las llaves de tu cabeza a alguien de quien no sabes ni el nombre.
14. “La libertad no se consigue satisfaciendo los deseos, sino eliminando el deseo.” (Disertaciones, IV, 1, 175)

15. “No te llames nunca filósofo ni hables mucho de principios entre los profanos. Haz lo que se sigue de los principios. Por ejemplo, en un banquete no digas cómo hay que comer: come como se debe. (…) Y si entre los profanos sale la conversación sobre algún principio, calla la mayor parte del tiempo, porque es un gran peligro vomitar enseguida lo que no has digerido. (…) Las ovejas no llevan el pasto a los pastores para enseñarles cuánto han comido. Lo digieren por dentro y por fuera dan lana y leche. Tú tampoco enseñes a los profanos los principios: enséñales las obras que salen de ellos una vez digeridos.” (Enquiridión, 46)
16. “Nada grande nace de repente, ni siquiera el racimo de uvas o el higo. Si ahora me dices «quiero un higo», te contestaré: hace falta tiempo. Deja que primero florezca, después que eche el fruto, después que madure. Si el fruto de la higuera no llega a su término de repente ni en una hora, ¿pretendes tú tener en tan poco tiempo y con tanta facilidad el fruto de la mente humana? No lo esperes, aunque te lo diga yo.” (Disertaciones, I, 15, 7-8)
17. “Como en una travesía, cuando el barco hace escala y bajas a por agua, puedes de paso recoger por el camino una concha o un bulbo, pero tienes que llevar el pensamiento puesto en el barco y volverte a cada rato por si llama el piloto; y si llama, dejarlo todo para que no te suban a bordo atado, como a las ovejas. Así también en la vida: si en lugar de un bulbo y una concha se te da una mujer y un hijo, nada lo impide. Pero si llama el piloto, corre al barco dejando todo eso, sin volverte. Y si eres viejo, no te alejes nunca mucho del barco, no vaya a ser que te llame y no estés.” (Enquiridión, 7)
18. “Todo hábito y toda facultad se mantienen y crecen con las acciones que les corresponden: la de caminar, caminando; la de correr, corriendo. Si quieres leer bien, lee; si quieres escribir, escribe. Si te pasas treinta días seguidos sin leer y haciendo otra cosa, ya verás lo que pasa. Y si te pasas diez días tumbado y luego te levantas e intentas hacer un buen trecho a pie, verás cómo se te han debilitado las piernas. En general, si quieres hacer algo, conviértelo en hábito; y si no quieres hacer algo, no lo hagas, y acostúmbrate a hacer otra cosa en su lugar.” (Disertaciones, II, 18, 1-4)
19. “La enfermedad es un estorbo para el cuerpo, pero no para la voluntad, salvo que ella quiera. La cojera es un estorbo para la pierna, pero no para la voluntad. Dítelo con cada cosa que te pase: verás que es un estorbo para otra cosa, pero no para ti.” (Enquiridión, 9)
20. “¿Te han preferido a otro en un banquete, en un saludo o a la hora de pedir consejo? Si eso es bueno, alégrate de que le haya tocado a él; si es malo, no te aflijas de que no te haya tocado a ti. (…) ¿A cuánto se vende la lechuga? Pongamos que a un óbolo. Si otro paga el óbolo y se lleva la lechuga, y tú no lo pagas y no te la llevas, no creas que tienes menos que el que se la ha llevado. Él tiene la lechuga y tú el óbolo que no has dado. (…) ¿No te han invitado a la cena de alguien? Es que no le has pagado al anfitrión el precio al que vende la cena. La vende por un halago, por una atención. Si te conviene, paga el precio al que se vende. Pero si quieres no pagarlo y llevártela igual, eres insaciable y necio.” (Enquiridión, 25)
El compañero que asciende porque se ríe de todos los chistes del director ha pagado su lechuga. Tú te has quedado con el óbolo. No es poca cosa.
21. “La primera tarea del que filosofa es desprenderse de la presunción. Porque es imposible empezar a aprender lo que uno cree que ya sabe.” (Disertaciones, II, 17, 1)
22. “Si alguien te cuenta que fulano habla mal de ti, no te defiendas de lo que ha dicho. Contesta: «No conocía mis otros defectos; si no, no habría mencionado solo esos».” (Enquiridión, 33, 9)
Pruébalo la próxima vez que alguien te enseñe una captura del grupo de WhatsApp donde te ponen verde. Desarma más que cualquier réplica.
23. “Ante toda impresión áspera, ejercítate desde el principio en decirle: «Eres una impresión, y no del todo lo que pareces». Después examínala y ponla a prueba con las reglas que tienes, y sobre todo con la primera: si se refiere a lo que depende de nosotros o a lo que no. Y si se refiere a algo que no depende de nosotros, ten a mano la respuesta: «Eso no va conmigo».” (Enquiridión, 1, 5)
24. “Cuando nos veamos estorbados, turbados o afligidos, no culpemos nunca a otro, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones. Culpar a otros de lo que a uno le va mal es propio del que no tiene formación. Culparse a sí mismo, del que empieza a formarse. No culpar ni a otro ni a sí mismo, del que ya está formado.” (Enquiridión, 5)
25. “Espérame un poco, impresión. Déjame ver quién eres y de qué se trata. Déjame examinarte.” (Disertaciones, II, 18, 24)

26. “Cuando quieras algo, no lo quieras como algo que no se te puede quitar, sino como una olla o una copa de cristal, para que, cuando se rompa, te acuerdes y no te turbes. (…) Mientras besas a tu hijo, recuérdate que amas a un mortal, a algo que no es tuyo. Se te ha dado para ahora, no para siempre ni de forma irrevocable, sino como un higo o un racimo de uvas en su estación. (…) ¿Qué mal hay en que, mientras besas a tu hijo, digas en voz baja: «Mañana morirás»?” (Disertaciones, III, 24, 84-88)
Suena cruel. Haz la prueba una noche, al darle el beso a tu hija ya dormida. Esa cena no vuelves a mirar el móvil.
27. “Recuerda que en la vida tienes que comportarte como en un banquete. Te llega algo que va pasando de mano en mano: alarga la mano y toma una porción moderada. Pasa de largo: no lo detengas. Todavía no ha llegado: no lances tu deseo hacia ello, espera a que llegue hasta ti. Así con los hijos, así con la mujer, así con los cargos, así con la riqueza, y algún día serás digno de sentarte a la mesa de los dioses.” (Enquiridión, 15)
28. “Cuando al criado del vecino se le rompe una copa, enseguida tenemos a mano: «Son cosas que pasan». Pues sabe que, cuando se rompa la tuya, debes ser el mismo que cuando se rompió la del otro. Lleva esto también a lo más grande. ¿Se ha muerto el hijo o la mujer de otro? No hay quien no diga: «Es lo humano». Pero cuando se muere el de uno, enseguida: «¡Ay, desgraciado de mí!». Deberíamos acordarnos de lo que sentimos cuando oímos lo mismo de los demás.” (Enquiridión, 26)
29. “Empieza por las cosas pequeñas. Se derrama un poco de aceite, te roban un poco de vino: dite que a ese precio se vende la impasibilidad, a ese precio la serenidad, y que nada se consigue gratis. Cuando llames al criado, piensa que puede que no te oiga, o que, aunque te oiga, no haga nada de lo que quieres. Pero él no está en tan buena posición como para que de él dependa tu tranquilidad.” (Enquiridión, 12, 2)
Cambia “el criado” por tu hijo adolescente, que lleva tres horas sin contestar al WhatsApp con el doble check azul. Tu tranquilidad no puede estar en sus manos. No es tan buen sitio.
30. “Quien trata a menudo con otros, ya sea para conversar, para cenar o en general para convivir, acaba por fuerza pareciéndose a ellos o atrayéndolos a su manera de ser. Porque si pones un carbón apagado junto a uno encendido, o el apagado apagará al otro, o el encendido prenderá al apagado.” (Disertaciones, III, 16, 1-2)
Si cada viernes acabas en la misma barra quejándote de lo mismo con la misma gente, pregúntate qué carbón eres tú.
31. “Guíame, Zeus, y tú, Destino, adonde me tengáis asignado, que yo os seguiré sin vacilar. Y si no quiero, porque me haya vuelto malo, os seguiré de todos modos.” (Enquiridión, 53, versos de Cleantes)
32. “Dite primero a ti mismo quién quieres ser. Y después, haz lo que haces.” (Disertaciones, III, 23, 1)

33. “Cuando alguien te trate mal o hable mal de ti, recuerda que lo hace o lo dice porque cree que le corresponde. No puede seguir lo que te parece a ti, sino lo que le parece a él. De modo que, si se equivoca, el perjudicado es él, que es el engañado. (…) Partiendo de aquí serás manso con quien te insulte. Dite en cada ocasión: «Así le pareció».” (Enquiridión, 42)
34. “Si alguna vez te vuelves hacia fuera porque quieres agradar a alguien, sabe que has perdido tu rumbo. (…) Si quieres parecer filósofo, parécetelo a ti mismo, y te bastará.” (Enquiridión, 23)
35. “Los deberes se miden, en general, por las relaciones. Es tu padre: te corresponde cuidarlo, cederle en todo, aguantarle si te insulta o te pega. «Pero es un mal padre.» ¿Es que la naturaleza te emparentó con un buen padre? No: con un padre. «Mi hermano me trata injustamente.» Pues tú mantén tu puesto respecto a él, y no mires lo que hace él, sino lo que tienes que hacer tú para que tu voluntad esté de acuerdo con la naturaleza. Porque nadie te hará daño si tú no quieres. Te harán daño cuando creas que te lo hacen.” (Enquiridión, 30)
Ojo con leerlo como una invitación a tragar con cualquier cosa. Epicteto habla de tus deberes, no de los derechos del otro sobre ti. La pregunta que deja es otra: qué te toca hacer a ti en la comida de Navidad, haga lo que haga tu cuñado.
36. “Es libre el que vive como quiere, al que no se puede obligar, ni estorbar, ni forzar; aquel cuyos impulsos no encuentran obstáculo, cuyos deseos alcanzan lo que desean y cuyos rechazos no caen en lo que rechazan.” (Disertaciones, IV, 1, 1)
37. “¿Alguien bebe mucho vino? No digas que bebe mal, sino mucho. Porque, antes de conocer su juicio, ¿de dónde sacas que lo hace mal?” (Enquiridión, 45)
38. “Cuando te hayas acostumbrado a tratar el cuerpo con sencillez, no presumas de ello. Y si bebes agua, no andes diciendo a cada ocasión que bebes agua. (…) Si alguna vez quieres ejercitarte en el aguante, hazlo para ti y no para los de fuera. (…) Cuando tengas mucha sed, toma un trago de agua fría, escúpelo y no se lo digas a nadie.” (Enquiridión, 47)
La ducha fría que subes a Instagram ya no es un ejercicio de aguante. Es un anuncio.
39. “¿Quieres no ser irascible? No alimentes ese hábito, no le eches nada que lo haga crecer. Cálmate de entrada y cuenta los días que no te has enfadado. «Me enfadaba todos los días; ahora, un día sí y otro no; luego, cada tres; luego, cada cuatro.» Y si llegas a treinta, ofrécele un sacrificio a Dios. Porque el hábito primero se debilita y luego desaparece del todo.” (Disertaciones, II, 18, 12-13)
Es la frase más práctica de la lista. Una cruz en el calendario de la cocina cada día que no le has gritado a nadie en el coche. Nada más.
40. “Ten a la vista cada día la muerte, el destierro y todo lo que parece terrible, y sobre todo la muerte. Así nunca pensarás nada mezquino ni desearás nada en exceso.” (Enquiridión, 21)
41. “Puedes ser invencible si no entras en ninguna competición en la que vencer no dependa de ti.” (Enquiridión, 19, 1)

42. “Igual que nos ejercitamos contra las preguntas de los sofistas, deberíamos ejercitarnos cada día contra las impresiones, porque también ellas nos hacen preguntas. «Se ha muerto el hijo de fulano.» Responde: no depende de la voluntad, no es un mal. «A fulano lo ha desheredado su padre.» ¿Qué te parece? No depende de la voluntad, no es un mal. «El César lo ha condenado.» No depende de la voluntad, no es un mal. «Se ha afligido por ello.» Depende de la voluntad, es un mal. «Lo ha soportado con nobleza.» Depende de la voluntad, es un bien.” (Disertaciones, III, 8, 1-3)
43. “El principio de la filosofía, al menos para quienes entran en ella como se debe, por la puerta, es darse cuenta de la propia debilidad y de la propia impotencia en las cosas necesarias.” (Disertaciones, II, 11, 1)
44. “Ánito y Meleto pueden matarme, pero no pueden hacerme daño.” (Enquiridión, 53, palabras de Sócrates)

45. “Cuando vayas a emprender algo, recuerda qué clase de cosa es. Si sales a bañarte, imagínate lo que pasa en los baños: hay quien salpica, quien empuja, quien insulta, quien roba. Así lo emprenderás con más seguridad si te dices desde el principio: «Quiero bañarme y quiero mantener mi voluntad de acuerdo con la naturaleza». Y lo mismo con cada cosa. Porque así, si algo te estorba el baño, tendrás a mano: «No solo quería esto, sino también mantener mi voluntad de acuerdo con la naturaleza; y no la mantendré si me enfado por lo que pasa».” (Enquiridión, 4)
Los baños públicos de Roma eran el gimnasio de tu barrio a las siete de la tarde. El que no limpia la máquina, el que acapara las mancuernas, el que habla por el móvil en la sauna. Ya sabías que iban a estar. Fuiste a entrenar, no a arreglar el mundo.
46. “En las conversaciones, evita hablar a menudo y sin medida de tus hazañas y de tus peligros. Porque a ti te resulta agradable recordar tus peligros, pero a los demás no les resulta igual de agradable oír lo que te ha pasado.” (Enquiridión, 33, 14)
El que en la cena te cuenta su maratón kilómetro a kilómetro. Antes de reírte, cuenta cuántas veces has contado tú lo de tu viaje a Japón.
47. “Las dificultades son las que muestran lo que son los hombres. Por eso, cuando te caiga encima una dificultad, recuerda que Dios, como un entrenador, te ha emparejado con un joven rudo. «¿Para qué?», preguntas. Para que llegues a vencer en Olimpia. Y eso no se consigue sin sudar.” (Disertaciones, I, 24, 1-2)
48. “Si deseas la filosofía, prepárate desde ahora para que se rían de ti, para que muchos se burlen y digan: «Ha vuelto hecho un filósofo de la noche a la mañana» y «¿De dónde nos viene con esas cejas tan altas?». Tú no pongas cara de altivez, pero aférrate a lo que te parece mejor como quien ha sido puesto por Dios en ese puesto. Y recuerda que, si te mantienes, los mismos que antes se reían de ti acabarán admirándote. Pero si te dejas vencer por ellos, se reirán de ti dos veces.” (Enquiridión, 22)
La cena de empresa en la que dices que no bebes. Las risas del primer año. Las preguntas del tercero, en voz baja, sobre cómo lo has hecho.
49. “La medida de los bienes de cada uno es el cuerpo, como el pie lo es del zapato. Si te atienes a esto, guardarás la medida. Si la sobrepasas, por fuerza acabarás cayendo como por un precipicio. Igual que con el zapato: si pasas del pie, primero será un zapato dorado, después uno de púrpura, después uno bordado. Porque lo que una vez rebasa la medida ya no tiene límite.” (Enquiridión, 39)
50. “Si quieres progresar, resígnate a parecer necio en lo externo. (…) Y si a alguien le pareces alguien, desconfía de ti mismo.” (Enquiridión, 13)
51. “Señales del que progresa: no censura a nadie, no alaba a nadie, no culpa a nadie, no acusa a nadie, no dice nada de sí mismo como si fuera alguien o supiera algo. Cuando se ve estorbado o impedido, se culpa a sí mismo. Si alguien le alaba, se ríe por dentro del que le alaba; si le censuran, no se defiende. (…) En una palabra, se vigila a sí mismo como a un enemigo que le acecha.” (Enquiridión, 48, 2-3)
52. “Ayer tenía yo una lámpara de hierro junto a mis dioses domésticos. Oí un ruido en la ventana, bajé corriendo y vi que me la habían robado. Pensé que al que se la había llevado le había pasado algo comprensible. ¿Y entonces? Mañana, me dije, encontrarás una de barro. Porque uno solo pierde lo que tiene.” (Disertaciones, I, 18, 15)
53. “Perdí la lámpara porque el ladrón me ganaba en estar despierto. Pero la lámpara le salió por esto: por una lámpara se hizo ladrón, por una lámpara se volvió desleal, por una lámpara se convirtió en una bestia.” (Disertaciones, I, 29, 21)
Las dos lámparas van juntas. La primera te enseña a no tener lo que no puedes perder. La segunda, a mirar qué ha perdido el otro. Y por eso, cuando murió, la lámpara que alguien compró a precio de oro era de barro.
54. “Cuando hagas algo porque has decidido que hay que hacerlo, no evites nunca que te vean haciéndolo, aunque la mayoría vaya a pensar otra cosa. Si no está bien hecho, no lo hagas. Y si está bien hecho, ¿por qué temes a los que te van a censurar sin razón?” (Enquiridión, 35)
55. “Quien quiera ser libre, que no quiera ni rehúya nada que dependa de otros. Si no, por fuerza será esclavo.” (Enquiridión, 14, 2)
56. “Recuerda que no solo el deseo de cargos y riquezas nos vuelve humildes y sumisos ante otros, sino también el deseo de tranquilidad, de ocio, de viajes y de erudición. Porque, en una palabra, sea cual sea lo externo, darle valor nos somete a otro.” (Disertaciones, IV, 4, 1)
La trampa fina. El que se pone de mal humor porque los niños hacen ruido en su rato de lectura también es esclavo. Lo es de su paz.
57. “Es señal de poca disposición pasar mucho tiempo con las cosas del cuerpo: mucho ejercicio, mucho comer, mucho beber, mucho evacuar, mucho copular. Todo eso hay que hacerlo de paso. Toda la atención, a la mente.” (Enquiridión, 41)
58. “Llevas a Dios contigo a todas partes, desgraciado, y no lo sabes.” (Disertaciones, II, 8, 12)
59. “Ante cada cosa que te ocurra, acuérdate de volverte hacia ti y buscar qué capacidad tienes para hacerle frente. Si ves a un hombre o a una mujer hermosos, encontrarás para ello el dominio de ti mismo. Si se te presenta una fatiga, encontrarás la resistencia. Si es un insulto, encontrarás la paciencia. Si te acostumbras así, no te arrastrarán las impresiones.” (Enquiridión, 10)
60. “Lo externo no depende de mí; la voluntad sí. ¿Dónde buscaré el bien y el mal? Dentro, en lo que es mío.” (Disertaciones, II, 5, 4-5)
61. “Si quieres progresar, abandona razonamientos como estos: «Si descuido mis asuntos, no tendré de qué vivir», «Si no castigo al criado, se echará a perder». Porque es mejor morir de hambre libre de pena y de miedo que vivir en la abundancia con el ánimo turbado.” (Enquiridión, 12, 1)
62. “Estos razonamientos no se sostienen: «Soy más rico que tú, luego soy mejor que tú»; «Hablo mejor que tú, luego soy mejor que tú». Estos sí se sostienen: «Soy más rico que tú, luego mi hacienda es mejor que la tuya»; «Hablo mejor que tú, luego mi forma de hablar es mejor que la tuya». Pero tú no eres ni tu hacienda ni tu forma de hablar.” (Enquiridión, 44)
Léela antes de abrir LinkedIn.
63. “¿Es posible, entonces, no fallar nunca? Imposible. Lo que sí es posible es estar siempre en tensión para no fallar.” (Disertaciones, IV, 12, 19)
64. “Calla la mayor parte del tiempo, o di solo lo necesario y en pocas palabras.” (Enquiridión, 33, 2)
65. “Yo quiero ser la púrpura, esa franja pequeña y brillante que hace que el resto luzca bello y elegante. ¿Por qué me dices entonces que me parezca a la mayoría? Si lo hago, ¿cómo voy a seguir siendo la púrpura?” (Disertaciones, I, 2, 17-18)
66. “Cuando veas a alguien llorando de pena porque su hijo se ha ido de viaje o porque ha perdido lo suyo, ten cuidado de que no te arrastre la impresión de que le ocurren males externos. Ten a mano enseguida: «Lo que le aflige no es lo que ha pasado, porque a otro no le aflige, sino su opinión sobre ello». Pero no dudes en acompañarle con tus palabras y, si llega el caso, en gemir con él. Ten cuidado, eso sí, de no gemir también por dentro.” (Enquiridión, 16)
67. “En cada empresa, examina lo que viene antes y lo que viene después, y solo entonces ponte a ello.” (Enquiridión, 29, 1)
68. “Empieza por lo pequeño: por una olla, por una copa. Después pasa a una túnica, a un perrillo, a un caballito, a un terrenito. Y de ahí a ti mismo, a tu cuerpo y a sus miembros, a tus hijos, a tu mujer, a tus hermanos.” (Disertaciones, IV, 1, 111)
69. “Grande es la lucha, divina la tarea: se juega un reino, la libertad, la serenidad, la paz.” (Disertaciones, II, 18, 28)
70. “Soporta y abstente.” (Aulo Gelio, Noches áticas, XVII, 19, 6)
En griego son dos palabras que casi riman: anékhou kai apékhou. Aulo Gelio cuenta que Epicteto decía que los dos vicios más graves eran no saber aguantar y no saber contenerse. Cabe en un pósit.
71. “Como el agua de un barreño es el alma, y como el rayo de luz que cae sobre el agua son las impresiones. Cuando el agua se agita, parece que también se agita el rayo, pero no se agita. Así, cuando a uno le da vértigo, no son las artes ni las virtudes las que se confunden, sino el aliento en el que están. Y cuando este se asienta, se asientan también ellas.” (Disertaciones, III, 3, 20-22)
72. “Tú solo mira a qué precio vendes tu voluntad. Y si no por otra cosa, hombre, al menos no la vendas barata.” (Disertaciones, I, 2, 33)
73. “Cuando aflojas un poco la atención, no te creas que la recuperarás cuando quieras.” (Disertaciones, IV, 12, 1)
74. “Cuando pierdas algo externo, ten siempre a mano qué has adquirido a cambio. Y si vale más, no digas nunca «he salido perdiendo».” (Disertaciones, IV, 3, 1)
75. “¿Es malo mi vecino? Para sí mismo. Para mí es bueno: me ejercita la buena disposición y la mansedumbre.” (Disertaciones, III, 20, 11)
76. “Igual que al caminar pones cuidado en no pisar un clavo ni torcerte el pie, pon cuidado también en no dañar tu propia guía interior.” (Enquiridión, 38)
77. “No hay que creer a la mayoría, que dice que solo a los libres les está permitido educarse, sino más bien a los filósofos, que dicen que solo los educados son libres.” (Disertaciones, II, 1, 22-23)
Frases por temas
Si buscas una frase para algo concreto, aquí tienes los números:
- Lo que depende de ti y las impresiones: 1, 2, 4, 19, 23, 25, 41, 42, 59, 60, 71, 76.
- Insultos, críticas y gente difícil: 6, 10, 13, 22, 24, 33, 35, 37, 75.
- Pérdida, muerte y destino: 3, 5, 11, 17, 26, 28, 31, 40, 44, 52, 66, 68, 74.
- Deseo, dinero y libertad: 14, 20, 27, 29, 36, 49, 53, 55, 56, 61, 62, 77.
- Practicar y progresar: 8, 9, 12, 15, 16, 18, 21, 32, 39, 43, 51, 58, 63, 67, 69, 73.
- Carácter y opinión ajena: 7, 30, 34, 38, 45, 46, 47, 48, 50, 54, 57, 64, 65, 70, 72.
Frases que circulan como de Epicteto y no lo son
Ninguna de estas aparece en el Manual ni en las Disertaciones. Si la vas a tatuar o a citar en una boda, mejor que lo sepas antes.
- “O Dios quiere abolir el mal y no puede, o puede y no quiere…” Es la famosa paradoja que Lactancio atribuye a Epicuro. Epicteto creía en una providencia ordenada; esta frase sirve justo para lo contrario.
- “Toma este momento. Sumérgete en sus detalles…”, “Te conviertes en aquello a lo que prestas atención”, “Tu felicidad depende de tres cosas, todas en tu poder…” y “La clave es acompañarte de personas que te animan…” Son paráfrasis modernas, la mayoría de The Art of Living (1995), la adaptación libre de Sharon Lebell, que en muchas tiendas se vende como si fuera el Manual. Lo más parecido que dijo Epicteto sobre las compañías es lo del carbón (frase 30).
- “Las circunstancias no hacen al hombre, solo lo revelan.” Suena a Epicteto, pero no está en sus libros. Lo que sí dijo es que las dificultades muestran lo que son los hombres (frase 47).
- “Me río de los que piensan que pueden dañarme…”, “El que se ríe de sí mismo nunca se queda sin cosas de las que reírse”, “El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer” y “No vivas según tus propias reglas, sino en armonía con la naturaleza”. Sin fuente en Epicteto.
- “Si se habla mal de ti, y es verdad, corrígete; si es mentira, ríete de ello.” Es la versión de calendario de la frase 22. La de verdad es mejor y más humilde.
- “La riqueza no consiste en tener grandes posesiones, sino en tener pocos deseos”, “En la prosperidad es muy fácil encontrar amigos; en la adversidad, nada más difícil” y “El exceso de cólera engendra la locura”. Circulan en todas las listas y ninguna tiene una fuente fiable en Epicteto.
- “Solo hay una manera de alcanzar la felicidad: dejar de preocuparse por las cosas que están más allá de nuestra voluntad.” Es un resumen razonable de su doctrina, pero no es una frase suya. Si quieres la original, es la frase 2.
Hay además un puñado de sentencias que la antología de Estobeo, del siglo V, pone a su nombre, como la del barco que no debe fiarse de una sola ancla. Los especialistas discuten cuáles son suyas, así que las he dejado fuera.
Cómo usar estas frases para que no se queden en el móvil
Epicteto repetía a sus alumnos que los principios había que tenerlos prókheira, a mano, como el médico tiene a mano el bisturí. Guardar 77 frases en una carpeta no es tenerlas a mano. Esto sí:
- Elige una sola frase por semana. La que más te pique. Si te molesta un poco, es la buena.
- Escríbela a mano en la primera página de tu diario estoico o en un pósit en el espejo del baño. Escribir despacio obliga a leer despacio.
- Busca dónde aparece en tu vida. “No nos inquietan las cosas, sino nuestras opiniones” se pone a prueba en la reunión del martes, en la cola del súper y en el grupo de WhatsApp de padres del colegio. Antes de que pase, decide en cuál de esos sitios la vas a usar.
- Repasa por la noche. Dos líneas: dónde la aplicaste y dónde se te olvidó. Sin dramas. Epicteto ya te avisó de que fallarías (frase 63).
- Apréndete tres de memoria. Yo te propondría la 1, la 10 y la 25. Una para lo que te pasa, otra para la gente y otra para los tres segundos antes de reaccionar.
Más frases estoicas con su fuente
Si te has quedado con ganas de más, tienes las otras dos listas hechas con el mismo criterio, frase literal y capítulo:
- Las 77 mejores frases de Séneca, el cordobés que escribía cartas como quien da consejos a un amigo en la barra.
- Las 77 mejores frases de Marco Aurelio, el emperador que aprendió de Epicteto sin llegar a conocerlo.
Camino a la Autarquía
Epicteto decía que las ovejas no enseñan el pasto: enseñan la lana. Leer 77 frases es comer pasto. Lo que cuenta es lo que hagas mañana con una sola.
Si quieres que alguien te lo recuerde cuando se te olvide, apúntate a Camino a la Autarquía. En mis emails escribo sobre cómo aplicar el estoicismo a la vida real: el trabajo, la familia, el miedo y la disciplina. Epicteto aparece casi siempre.
- Doxografía no es filosofía: por qué saber más no te hace vivir mejor - 14 octubre 2026
- Epoché: el poder de no opinar - 2 febrero 2025
- Enkrateia: decálogo a la autarquía - 15 abril 2024


MUY IMPORTANTE LOS PENSAMIENTOS PUES DESCRIBEN CORRECTAMENTE LA COTIANIDIDAD DEL SER HUMANO
una informacion para la preparacion mental que se requiere para enfrentar los cambios sean lo los que sean
la formacion estoica evitara que los seres humanos adquieran conductas inadecuadas para la convivencia y desarrollo personal
la lectura nos lleva de la mano al conocimiento ..y nos ayuda a ver otra perspectiva la.vida
los conocimientos te acompañan padurar y ver la vida más dura pero correcta
Regresando al Estoicismo buscando frases diarias de inspiración y fortaleza