Praemeditatio malorum significa, más o menos, «premeditación de los males». Es el ejercicio estoico de imaginar por adelantado lo que puede salir mal. Suena deprimente, pero funciona justo al revés: te quita miedo y te hace valorar lo que tienes. Tener presentes ciertos pensamientos negativos tiene más sentido del que imaginas. Vamos a ello.
Da lo mejor y prepárate para lo peor
La vida te ha pateado, puede ser. Donde otras personas lo han tenido fácil, tú has tenido que luchar. Has visto a otras personas obtener aumentos en semanas que tú has perseguido años, te han insultado y se ríen de ti. Te han puteado y te han hecho llorar.
Es injusto, dices. Sería mejor si hubiera sido de otra manera. ¿Es eso cierto? ¿Lo sabes a ciencia cierta?
Séneca se preguntó: ¿cómo podemos ver tanta desgracia sucediendo en el mundo y no imaginar que suceda con nosotros?
“Ningún boxeador puede ir con buen ánimo a la contienda si nunca ha sido derrotado, el único competidor que puede entrar con confianza en las listas es el hombre que ha visto su propia sangre, sentido sus dientes crujir bajo el puño de su oponente, quien ha tropezado y sentido toda la fuerza de la carga de su adversario, quien ha sido abatido en el cuerpo pero no en el espíritu, uno que, tan a menudo como cae, se levanta de nuevo con mayor desafío que nunca.”
Séneca, Cartas a Lucilio, 13.
Es ignorancia, o peor aún, conocimiento mal aprendido. Creer que somos inmunes porque vivimos en la mejor época de la historia, porque tenemos muchos más medios que nunca, o porque tenemos derechos humanos, seguridad social, y un montón de organismos que velan por nuestro bien.
Séneca le escribió a un amigo. “Nada le sucede al sabio en contra de sus expectativas”, por tanto, ¿No tendrá más sentido imaginar expectativas negativas para encontrar soluciones cuando llegue ese momento?

No es de extrañar que el estoicismo sea una filosofía muy acogida por los emprendedores, y es que esta clase de persona, necesita ser por un lado un completo pesimista, para visualizar todos los problemas que puede encontrarse, y a la vez una persona positiva, para afrontar todos los problemas que pueda encontrarse.
Por ello en este artículo encontrarás cómo tener presente ciertos pensamientos en un primer lugar negativos tiene más sentido del que imaginas para mejorar tu vida.
No necesitas subir al cadalso
En 1845, el escritor Fiódor Dostoievski, entonces de 24 años de edad, sorprendió al mundo literario ruso con la publicación de su primera novela Pobres Gentes.

La historia de Dostoievski ante el pelotón de fusilamiento
Se volvió la comidilla de la sociedad de San Petersburgo. Pero algo en su pronta fama le pareció vacío. Derivó entonces en los márgenes de la política de izquierdas, asistiendo a reuniones de varios grupos socialistas radicales. Uno de esos grupos giraba entorno al carismático Mijail Petrashevski.
Tres años después, en 1848, la revolución estalló en todo Europa. Inspirados por lo que sucedía en Occidente, grupos radicales rusos como el Mijail Petrashevski querían seguir el ejemplo.
Pero agentes del Zar Nicolás I habían infiltrado muchos de esos grupos, y se elaboraban informes sobre las barbaridades de las que se hablaba en casa de Petrashevski, entre ellas la incitación de revueltas campesinas. Dostoievski era un apasionado de la liberación de los siervos, y el 23 de abril de 1849 él y 23 miembros más del grupo de Mijail Petrashevski fueron arrestados.

Tras ocho meses de atemperarse en la cárcel, una fría mañana se despertó a los prisioneros y se les dijo que ese día conocerían el fin de sus sentencias. Un exilio de unos meses era el castigo usual por su crimen, pronto pensaron, su castigo habría terminado. Se les apiñó en carruajes y se les condujo por las heladas calles de San Petersburgo.
Al bajar de los carruajes en la plaza de Semyonovsky, fueron recibidos por un sacerdote, detrás de él pudieron ver perfiles de soldados y, atrás de ellos, a miles de espectadores. Se les llevó a un cadalso cubierto con una tela negra en el centro de la plaza. Frente al cadalso había tres postes, y junto una hilera de carretas cargadas de ataúdes.

Dostoievski no podía creer lo que veía “No es posible que quieran ejecutarnos”, le murmuró a su vecino. Se les hizo marchar hasta el cadalso y se les colocó en dos filas. El día era increíblemente frío, y los prisioneros llevaban la ropa ligera con la que habían sido arrestados.
Sonó un redoble de tambor. Un oficial dio un paso al frente y leyó las sentencias:
“Todos los acusados son culpables de intentar alterar el orden nacional, y por lo tanto se les condena a muerte ante un pelotón de fusilamiento”. Los prisioneros se quedaron mudos.
Mientras el oficial leía los cargos y sentencias individuales, Dostoievski se descubrió mirando la dorada cúspide de una iglesia cercana y la luz del sol que rebotaba en ella. Los destellos desaparecieron cuando una nube cruzó el cielo, y Dostoievski comenzó a valorar que él estaba a punto de sumergirse en la oscuridad con igual rapidez, y para siempre.
De repente tuvo otra idea: “Si no muriera, si no me mataran mi vida me parecería infinita de pronto toda una eternidad; cada minuto, un siglo. Repararía en todo lo que ocurre; no volvería a perder un solo segundo de vida”.
Los prisioneros recibieron camisas con capucha. El cura se presentó a leerle sus últimos ritos y oír sus confesiones. Se dijeron adiós unos a otros. Los tres primeros por fusilar fueron atados a los postes y se les cubrió la cara con la capucha. Dostoievski estaba al frente del siguiente grupo. Los soldados alzaron sus rifles, apuntaron y de súbito un carruaje entró galopando a la plaza. Del carruaje bajó un hombre con un sobre. En el último segundo, el Zar había permutado las sentencias de muerte.
Esa misma mañana se comunicó a Dostoievski su nueva sentencia: cuatro años de trabajos forzados en Siberia, seguidos por una estancia en el ejército.

Apenas afectado, escribió ese día a su hermano:
Cuando vuelvo la mirada al pasado y pienso en todo el tiempo que derroche en el error y el ocio, […] mi corazón sangra. La vida es un don: […] cada minuto podría haber sido una eternidad de dicha, si los jóvenes lo supieran, ahora mi vida cambiará, he vuelto a nacer.
Fiodor Dostoievski.
Días después, grilletes de cinco kilos fueron puestos en los brazos y piernas de Dostoievski que permanecerían ahí todo su periodo de prisión, y se le transportó a Siberia.
Durante los cuatro años siguientes soportó las peores condiciones carcelarias. Sin privilegios para escribir, creaba novelas en su cabeza y las memorizaba. Por fin, en 1857, cumpliendo aún el periodo militar de su sentencia, se le permitió empezar a publicar su obra.
Mientras que antes se torturaba en cada página y pasaba la mitad del día hundido en sus pensamientos, ahora escribía y escribía. Sus amigos lo veían recorrer las calles de San Petersburgo mascullando diálogos para sí mismo perdido en sus personajes y sus tramas.
Su nuevo lema era: “Haz más en menos tiempo”.
Desde entonces escribía como si su vida estuviera en juego, el efecto fue permanente si sentía que se estaba volviendo cómodo y complaciente, iba a un casino y lo perdía todo jugando, la pobreza y las deudas lo acercaban a los momentos de su vida que más le hicieron valorar la vida, nunca volvió a acomodarse.

Algunos compadecían a Dostoievski por su periodo en la cárcel. Eso le enfadaba, Estaba agradecido por esa experiencia y no sentía rencor. Pero hasta ese día de diciembre de 1849, creía, había desperdiciado su vida. Desde entonces y hasta su muerte, en 1881, siguió escribiendo a un ritmo frenético, produciendo novela tras novela.
El sentimiento de reflexión sobre la muerte, puede parecer deprimente para las personas que nunca se lo han planteado, pero para los que la han vivido de cerca reparan en que es el mayor estímulo que conocen para valorar la vida.
Extraído y adaptado de Robert Greene https://powerseductionandwar.com
No necesitas ver tu ataúd
Recuerda, no necesitas ver tu ataúd o subirte al cadalso para valorar cada minuto de tu vida.
La muerte no hace que la vida carezca de sentido, sino que tiene un propósito, y afortunadamente, no tenemos que morir para aprovecharlo.
Pedro Vivar.
En los tiempos en los que vivimos muchas personas no saben que hacer con su tiempo, de hecho Dostoievski sentía que su vida estaba vacía antes de presenciar su ejecución, y volvió a nacer tras experimentar su muerte en la parte más profunda de su alma.

Desde el estoicismo ensayamos la muerte con el Memento Mori, y no lo hacemos para sentirnos desdichados, sino para valorar más la vida, pero el Memento Mori no era la única arma que utilizaban los estoicos para llevar una vida cercana a la virtud, ya que una de las herramientas más importantes es Praemeditatio Malorum traducido como visualización negativa.
Praemeditatio malorum: la visualización negativa estoica
Así se suele traducir el término praemeditatio malorum. Marco Aurelio, emperador romano, cada día antes de comenzar a relacionarse en sus meditaciones reflexionaba:
“Cuando te despiertes por la mañana, dite a ti mismo: las personas con las que trato hoy serán entrometidas, ingratas, arrogantes, deshonestas, celosas y hoscas. Son así porque no pueden distinguir el bien del mal. Pero he visto la belleza del bien y la fealdad del mal, y he reconocido que el malhechor tiene una naturaleza relacionada con la mía, no de la misma sangre y nacimiento, sino de la misma mente y posee una parte de lo divino. Y así ninguno de ellos me puede hacer daño. Nadie puede implicarme en la fealdad. Tampoco puedo sentirme enojado con mi pariente u odiarlo. Nacimos para trabajar juntos como pies, manos y ojos, como las dos hileras de dientes, superior e inferior. Obstruirse unos a otros no es natural. Sentirse enojado con alguien, darle la espalda: no son naturales “.
Marco Aurelio, Meditaciones, II, 1.
Solo prepárate para que sucedan cosas malas. Visualiza que tu coche se romperá de camino a esa cita tan importante, si sucede, podrás tomarlo mejor. Seguirá siendo la misma putada, pero no te asustarás.
No queremos que ocurra, pero queremos estar preparados si sucede, principalmente a nivel emocional. Si has imaginado una situación difícil antes de que suceda, podrás tomarla mejor y más tranquilo que si estás además emocionalmente afectado y así podrás sacar el máximo provecho.
Solo te romperás si no lo viste venir…
No es malo ser pesimista
Un individuo que esté preparado para lo peor siempre va a tener más respuestas y herramientas para enfrentarlo que una persona optimista y que piense que todo va a salir bien.
Es en tiempos de seguridad cuando el espíritu debe prepararse para tiempos difíciles; mientras que la fortuna le está otorgando favores, es el momento de fortalecerse contra sus rechazos.
Séneca, Cartas a Lucilio, 18.
Esta estrategia estoica es una preparación consciente para el infortunio y, a la vez, un modo sencillo de conseguir tranquilidad, ya que nos recuerda a la sabiduría popular de “Si tiene solución, para que te preocupas, y si no la tiene, para que preocuparse”.
Te invito a que te preguntes más a menudo ¿qué es lo peor que podría pasar? Le dediqué un artículo entero: qué es lo peor que puede pasar y por qué conviene preguntártelo.
Si nunca te detienes a pensar que puedes perder lo que tienes ahora, las desgracias te pillarán por sorpresa. En cambio, si recuerdas que todo es temporal y que puedes perderlo, estarás preparado.
Estar preparado es la marca del sabio
Séneca comenzaba visualizando sus planes, por ejemplo; si iba a viajar en barco;
Primero lo haría en su cabeza o diario, repasaría las cosas que podrían salir mal: podría surgir una tormenta, el capitán podría enfermarse, el barco podría ser atacado por piratas. “Nada le sucede al sabio en contra de sus expectativas”, le escribió a un amigo. “… no todas las cosas salían como deseaba, pero sí si las calculaba, y sobre todo calculaba que algo podría bloquear sus planes “.
Al hacer este ejercicio, Séneca siempre estaba preparado para la interrupción y siempre trabajaba esa interrupción en sus planes. Estaba preparado para la derrota o la victoria
Séneca, que disfrutaba de una gran riqueza como asesor de Nerón, sugirió que deberíamos reservar una cierta cantidad de días cada mes para practicar la pobreza.
Séneca escribió: “Ensaya en tu mente: exilio, tortura, guerra, naufragio. Todos estos conceptos humanos deben estar frente a nuestros ojos” Haz exactamente esto y reflexiona para ti mismo: exilio, tortura, guerra, naufragio”. “toma parte en una semana donde apenas tengas comida, que sea barata y mediocre, vístete de forma muy escasa, y pregúntate a ti mismo si eso es lo peor que podría pasarte… Ya que cuando la fortuna es amable, el alma puede crear defensas contra su furia”
Adáptalo a los tiempos que corren y a tus circunstancias personales: pérdida de internet, largas reuniones, duras tareas, imbéciles e inoportunos, planes fallidos, te aseguro que si no se te vienen a la cabeza los vas a vivir de igual forma.
Ensáyalos antes de que esos momentos se presenten en tu vida sin entrenamiento.
Cómo practicar la praemeditatio malorum paso a paso
Séneca lo hacía con barcos y piratas. Tú tienes atascos, reuniones y grupos de WhatsApp. El ejercicio es el mismo y te lleva cinco minutos.
- Elige el momento. Por la mañana con el café, antes de abrir el correo. O la noche antes de algo importante.
- Escoge una sola cosa del día. La presentación de las once, la visita al médico, la comida con tus suegros.
- Imagina lo que puede torcerse, con detalle. El proyector no funciona. Tu jefe te interrumpe a los dos minutos. El tren de las 7:52 no pasa. Míralo como si lo estuvieras viviendo.
- Separa lo que depende de ti. Que falle el proyector, no. Llevar la presentación en PDF en el móvil, sí.
- Decide tu respuesta. Qué harás y, sobre todo, cómo quieres comportarte: con calma y sin buscar culpables.
- Vuelve al presente y agradece. Hoy, de momento, nada de eso ha pasado.
El último paso no es decorativo. Sin él, el ejercicio se queda en preocupación.
¿La visualización negativa genera ansiedad?
Es la pregunta que más me hacen. Respuesta corta: si la haces mal, sí.
La persona ansiosa también imagina desastres, pero lo hace sin parar y sin salida. Da vueltas a la misma escena a las tres de la mañana y no decide nada. La praemeditatio malorum tiene principio y final: imaginas, decides cómo responderías y cierras. Es la diferencia entre ensayar y rumiar.
Si notas que el ejercicio te deja peor de lo que estabas, acórtalo y céntrate en la parte de la respuesta. Te puede ayudar también este artículo sobre cómo gestionar el estrés con estoicismo. Y si la ansiedad ya te quita el sueño, habla con un profesional: la filosofía acompaña, no sustituye.
Ejemplos de visualización negativa en tu día a día
Antes de un viaje
Vuelo cancelado, maleta perdida, niño con fiebre la primera noche. Lo has pensado en el sofá de casa, así que en el aeropuerto ya sabes qué hacer. No te toca improvisarlo con la cola de reclamaciones dando la vuelta a la terminal.
Con la gente que quieres
Epicteto proponía algo que suena duro: cuando beses a tu hijo o a tu pareja, recuerda que es mortal (Epicteto, Enquiridión, 3). No es para amargarte la noche. Es para que esa noche no te la pases mirando el móvil.
En el trabajo
Antes de enviar ese presupuesto, imagina que el cliente dice que no. ¿Te hunde? Entonces dependes demasiado de él. ¿Tienes un plan B? Entonces puedes negociar tranquilo.
Recuerda, no necesitas subirte al cadalso

Recuerda, da lo mejor y prepárate para lo peor.
Mis emails para entrenar la mente
En mis emails escribo sobre estoicismo aplicado a la vida real, con ejercicios como este para que lo malo no te pille desprevenido. Si te interesa, apúntate.
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Excelente post Pedro.
Sigo aprendiendo todos los días con este blog, gracias por el trabajo y la dedicación 💪
Saludos!
Gracias.
Excelente, para reflexionar y aplicar. Gracias.
A ver que me.encuentro jajaja
es un lujo empezar el día y encontrarse con este regalo
¡vaya sacudida mental !
Muchas gracias
Un fraternal abrazo
Excelente información!
excelente escrito tengo una práctica de tanatologia y utilizo el estoicismo como argumento y base para mis terapia con mis pacientes y me ha dado buenos resultados y alta aceptación Gracias
Excelente y muy reflexivo…. simplemente gracias…
Muchas gracias por ayudarnos a reflexionar con este post.